Las calles de Nueva York recuperaron ayer su imagen habitual con la vuelta al trabajo de numerosos taxistas que secundaron una huelga de dos días, en protesta por la obligatoriedad de incorporar moderna tecnología a los vehículos.
El paro, que fue convocado por el sindicato Taxi Workers Alliance, concluyó a primeras horas de la mañana y con ello quedaron sin efecto las medidas y tarifas excepcionales que estableció el ayuntamiento para paliar los perjuicios que pudiera causar a los usuarios.
Ese sindicato alega representar a unos 10.000 taxistas, de un colectivo que cuenta con unos 44.000 conductores con ese tipo de licencia.
Es imposible conocer con exactitud el porcentaje de taxistas que secundaron la huelga; mientras que el grupo convocante resaltó en diversas ocasiones el éxito de la protesta, las autoridades neoyorquinas reiteraron que el paro no impidió a los neoyorquinos desarrollar sus actividades habituales.
En cualquier caso, sí pudo percibirse en los dos últimos días una menor presencia de los populares taxis amarillos en las calles y avenidas de la Gran Manzana, en las paradas de las principales estaciones de tren y metro y en los aeropuertos de La Guardia y J.F.Kennedy.
Algunos taxistas son contrarios a la exigencia de instalar en sus vehículos un moderno equipamiento electrónico que permite a los usuarios pagar con tarjeta de crédito y consultar información en un pantalla interactiva, además de seguir el trayecto que realizan con un sistema de localización por satélite (GPS), que los taxistas alegan supone una intromisión a su privacidad.
Las autoridades neoyorquinas, por el contrario, subrayaron que se aprobaron en los últimos años dos incrementos de tarifas con el compromiso del gremio de que se equiparían con esa moderna tecnología y que con ello ofrecerían una mejor atención a los usuarios.
La Comisión del Taxi y Limusinas, que regula el sector, aprobó en mayo un plan que requiere a los alrededor de 13.000 taxis que operan en la ciudad instalar ese equipamiento a partir del 1 de octubre.
El paro no ha contado con el apoyo de la Federación de Conductores de Taxis, que alega contar con unos 7.000 afiliados.
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