Sintratel S.A. es la empresa que crearon los trabajadores de Sintel, cuando ésta dejó en la calle a sus más de 1.800 empleados en 2001. Desde entonces y hasta ahora, han logrado cumplir cuatro años en el mercado, hacer fijas a 218 personas y además lograr importantes beneficios "sin ninguna ayuda del Gobierno".
Todo empezó en 2001, cuando Telefónica vendió Sintel a la familia cubana Mas Canosa y el negocio quebró. Los afectados organizaron el llamado "Campamento de la Esperanza", en el que estuvieron 187 días, tras acordar con el Gobierno de Aznar que la empresa recolocaría a 800 trabajadores, mientras que otros 470 se acogerían a prejubilaciones.
Según Adolfo Jiménez, presidente de Sintratel, lo único que se cumplió fueron las prejubilaciones y por eso crearon su empresa en octubre de 2003. A pesar de que podían haber recibido ayudas del Gobierno para emplear a mayores, "no han visto ni un duro". Los bancos tampoco quisieron financiarles, de ahí que emplearan el fondo que los compañeros que se prejubilaron (6.000 euros cada uno) depositaron en su Asociación para trabajadores.
Algunos clientes también aceptaron pagarles el 50 por ciento de sus servicios a tres días y el resto a 120, cuando lo normal es abonarlo a 180 días. El primer año de su creación, ya poseían una plantilla de 247 trabajadores fijos, con una edad media de 48 años y "con el veto de Telefónica, que no nos ha dado la cartera de trabajo, a pesar de que no nos recolocó a ninguno".
"Se trabajaban diez horas al día, no hubo vacaciones y nuestro sueldo era el salario mínimo interprofesional (en el primer semestre de 2004 era de 460,50 euros al mes y en el segundo 490,80)", ha afirmado Jiménez. Pero poco a poco consiguieron progresar, subir los sueldos, aumentar el capital social y obtener beneficios. Ahora sólo les queda recibir las indemnizaciones que les prometieron.
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