Hace poco fue el Santander el que pedía el aplazamiento de los reembolsos del mayor fondo inmobiliario de España. El miércoles, el consejero delegado de Banesto afirmaba que 2.009 iba a ser uno de los años más difíciles que ha vivido la banca española en décadas.
Hoy es el BBVA el que tiene que cerrar una línea de negocio denominada inversión alternativa directa y ‘ver qué hace’ con los empleados de la misma, aunque en este caso sí que hay liquidez para devolver el dinero a los inversores.
Por otro lado fusiones de cajas de ahorros, agotamiento de reservas anticrisis…
¿Quién no recuerda que hace meses se nos vendía que la Banca española era de las más saneadas y reguladas del mundo? ¿Quién no recuerda a altos directivos del gremio afirmando que ellos no necesitaban ningún tipo de rescate? ¿Quién no recuerda la primera reunión de los altos ‘capos’ de Banca en el fastuoso salón de La Moncloa para que el erario público les comprara los activos tóxicos? ¿Quién no recuerda la bajada de impuestos a los mismos? ¿Quién no recuerda la segunda reunión, también en Moncloa, en una salita más modesta en la que a los mismos ‘capos’ se les veían las piernas por debajo de mesas que parecían pupitres de primaria?
Curiosamente, en esa falta patente de opulencia, entre otros detalles, se podían atisbar las primeras dificultades de un sector en caída libre. Un sector que no es que no quiera prestar dinero a pymes y familias, es que no puede. Porque una cosa es extremar las precauciones ante el riesgo de potenciales insolvencias y otra muy distinta cerrar el grifo casi por completo.
Nuestra ‘champions league’ financiera está a punto de bajar a tercera regional, sin pasar por segunda B.
Ojalá nos equivoquemos, por el bien necesario de todos.
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